El maestro de los sentidos

Para De Luca, el oído es el maestro de los sentidos. En alguna ocasión ha dicho que, antes de ser escritor, fue «escuchador»: se pasó la infancia escuchando a los vecinos, ya que las paredes de las casas de Nápoles silenciaban poco. Curiosamente, confiesa que, de algún modo, sigue haciendo lo mismo. Cuenta que para escribir tiene que escuchar lo que le dicen las personas, que no personajes, que habitan en sus novelas: «Yo soy sólo el receptor de un tono de voz, luego el uso de las frases viene por sí mismo, así como su longitud, ya que mis frases no son más largas que el aliento que hace falta para pronunciarlas». Del mismo modo, para leer a De Luca hay que escucharlo. Dicho de otra forma, a De Luca es necesario leerlo también con los oídos, no sólo con los ojos, ya que sus palabras contienen algo más que letras: encierran ecos, gritos y susurros… 

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(Del artículo «La verdadera patria de Erri De Luca», de Rebeca García Nieto. Quimera. Revista de Literatura, julio-agosto de 2013).

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