Entrevista a Isaac Rosa

¿Qué se puede encontrar el lector en La habitación oscura?

De entrada, lo que dice su título: una habitación oscura, un espacio cerrado y sin luz, donde un grupo de gente se busca, se encuentra y se relaciona. Y digo bien: de entrada, ya que la primera página es una invitación a abrir la puerta, descorrer la cortina y avanzar a ciegas. A partir de ahí, el lector descubrirá que la oscuridad está llena de imágenes, que la ceguera puede ser también una forma de lucidez, de ver lo que a la luz del día no vemos bien, de mirar con extrañeza a una normalidad que en realidad es monstruosa. Entonces el espacio físico de la habitación se convierte también en espacio metafórico, y ahí ya depende de cada lector, pues con esta novela más que con mis anteriores me encuentro con variadas y hasta contradictorias interpretaciones de qué significa todo lo que entra en juego en ella: la oscuridad frente a la luz, la invisibilidad contra la visibilidad, la identidad o el anonimato, el refugio o la trinchera, pero también el sexo, la comunidad, el consumo, la lucha política. Por otro lado, la habitación actúa como un personaje, y como tal cambia a lo largo de la novela, acusa el paso del tiempo, crece, se transforma, y sus cambios son reflejo de la descomposición exterior. Y por último, hay también una indagación formal a través no sólo de la oscuridad y sus posibilidades literarias, sino sobre todo de dos elementos: el espacio y el tiempo, ambos distorsionados en la oscuridad.

En la novela se reflejan con crudeza las consecuencias de esta crisis (a todos los niveles), pero especialmente señalas el nivel material. En el número 352 de nuestra revista (abril de 2013), Pier Paolo Pasolini en 1975 definía la entrada brutal del capitalismo en Italia, especialmente en la Italia meridional, de esta manera: «La sociedad de consumo no sólo ha invadido Italia, especialmente la meridional que no tenía un tejido burgués, y la ha cambiado radicalmente. No sólo la ha invadido sino que la ha destruido, en los barrios periféricos de Roma, en la lejana Puglia. Todo ha cambiado en diez años. La gente ha emigrado para adaptarse a los valores impuestos por los horrores de la televisión, de la radio y los demás medios de comunicación, de la moda, etc. […] Mis películas reflejan la nueva y horrible realidad italiana…». ¿Crees que tus novelas reflejan en lo profundo esta «nueva y horrible realidad» en nuestro país? ¿Qué crees que nos ha ocurrido en estos últimos años? ¿Cuál sería tu análisis de la situación actual?

Lo sucedido es complejo, no cabe señalar uno ni unos pocos factores, pero diría que el capitalismo ha alcanzado sus últimas posiciones y ha estado a punto de proclamar el último parte de guerra, victorioso. El mercado lo ha invadido todo, no ha encontrado apenas resistencia en su avance triunfal, y se ha colado hasta lo más íntimo. O sobre todo en lo más íntimo, más allá de las paredes de nuestras casas, tomando nuestras familias y por supuesto nuestros cuerpos y mentes. En eso Pasolini fue extraordinariamente lúcido advirtiendo la devastación que el capitalismo ya estaba dejando en los setenta. Hoy hemos subido varios escalones más desde entonces, y el capitalismo, este que hoy se dice en crisis, está dentro de nosotros, somos nosotros. Nos planteamos la resistencia como un ellos contra nosotros, el 99% contra el 1%, los de arriba y los de abajo, pero me temo que no es tan sencillo, que la línea roja no es tan fácil de marcar. Quería mirar en la novela sobre todo los años previos a la crisis, los de excedente capitalista, los de acumulación material, en los que creímos que ya no éramos clase trabajadora, y nos llamábamos a nosotros mismos cualquier cosa antes que trabajadores: clase media, consumidores, profesionales algunos. Analizar cómo llegamos a esto, qué ha pasado en el último medio siglo, excede la extensión de esta entrevista, es complejo, aunque hay autores que han sabido interpretarlo, como César Rendueles en su imprescindible Sociofobia. El vendaval que llaman crisis se lo ha llevado todo y nos ha dejado desnudos, y volvemos a vernos como lo que siempre hemos sido: trabajadores, gente que no tiene nada más para vivir que su fuerza de trabajo. Y de pronto nos sentimos avergonzados por habernos creído otra cosa, y por eso cala tan fácilmente el discurso culpabilizador, y por eso nuestra respuesta es la indignación, que acaba siendo pasiva, una forma de protesta rabiosa pero improductiva.

habitacionoscurag

En La habitación oscura se refleja la soledad, el aislamiento, el estupor, el miedo, la violencia, la desolación en suma, que parecen estar caracterizando estos últimos años. Mirando a nuestro alrededor esta sensación se multiplica. ¿Queda algún motivo para la esperanza? ¿Dónde reside?

Soy consciente de que mi novela no aporta demasiada luz, hay quien la encuentra pesimista, desoladora. Pero creo que sirve como contraste, para salir de una vez de las habitaciones oscuras y reencontrarnos a la luz, esa sería la propuesta. Reconozco que no soy optimista, no a corto plazo, pues pienso que nuestra respuesta como ciudadanos no está a la altura del ataque generalizado que estamos sufriendo, y veo que las únicas resistencias visibles no dejan de ser formas de repliegue que cada vez nos hacen perder más terreno. Pero alrededor veo también otras realidades que me hacen ser más optimista a medio y largo plazo: gente que entiende que el horizonte no puede ser la vuelta a los años previos a la crisis, que el futuro no está en el pasado, y que necesitamos una transformación que no sea sólo del sistema económico y político, sino también de nosotros mismos, de nuestras expectativas, de nuestra forma de relacionarnos; que junto a las urgencias del presente hay que empezar a hacer otras preguntas, todas aquellas que hoy pensamos que no tocan y que son las más pertinentes. Veo gente que está construyendo espacios comunes al margen (o casi) del mercado, que todavía son pequeños, locales, intermitentes, a veces efímeros, que a menudo son sólo parches ante el destrozo, pero que hacen posible esa transformación, ese cambio de mentalidad. Por otro lado, encuentro más esperanza en nuevas formas de lucha como la PAH, que señalan un camino poco transitado (y muy reprimido) en la España reciente, y hoy fundamental: la desobediencia civil. La resistencia no pasa hoy por indignarse sino por desobedecer.

Tu novela ha sido elegida por Quimera. Revista de literatura como mejor obra narrativa en español de 2013. ¿Crees que la cosecha literaria de este año ha sido buena? ¿Qué impresión tienes de los últimos años de la literatura española?

En líneas generales no tengo la mejor opinión sobre la literatura española de los últimos años. Si tomamos el todo, vemos cómo la literatura ha ido volviéndose cada vez más irrelevante, y esa irrelevancia es hoy más visible: hoy cuando la sociedad se repolitiza y se reapropia de las calles y empieza a hablar de transformar, ¿dónde está la literatura? ¿Todo lo que tiene que ofrecer son un puñado de novelas dudosamente etiquetables como «literatura de la crisis»? De la misma forma que nuestras novelas no anticiparon lo que ha acabado ocurriendo, y no supimos ver la podredumbre de los cimientos sobre los que se levantó la prosperidad, hoy no estamos sabiendo interpretar el presente. Y tampoco se puede decir que esa irrelevancia social y política se compense con un momento especialmente rico en el terreno formal, más bien al contrario. Suelo decir que nuestra literatura es hoy tan irrelevante que no tiene ni crisis propia. Cuando todo, absolutamente todo, ha entrado en crisis (la economía, las instituciones, el modelo productivo, la banca, la monarquía, el sistema territorial, Europa, el periodismo y mil etc.), nadie habla de la crisis de la literatura, porque no existe tal cosa, o si existe no importa. Algo tendremos que ver en esa irrelevancia los autores, yo incluido, claro. Por supuesto, la generalización deja fuera las excepciones, que las hay y muy importantes. Este 2013 por ejemplo hemos tenido algunos buenos libros que quedarán, como por supuesto el de Chirbes, o la última novela de Marta Sanz, que es una autora que ha alcanzado una madurez que me asombra en cada nuevo libro. Pero no es la única.

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s